Si contratar a una mujer implica licencia de maternidad, permisos de lactancia, estabilidad reforzada y reducción de jornada, entonces es mejor solo contratar hombres. ¿suena lógico no? Bajo esta premisa, los “analistas” estilo Milei que ahora proliferan, concluyen que habría que eliminar esos “privilegios” para hacer a las mujeres más “competitivas” en el mercado laboral.

Este razonamiento, presenta una falacia del falso dilema: se plantea que solo existen dos opciones, o se mantienen los derechos de maternidad y lactancia y las mujeres pierden oportunidades laborales, o se eliminan esos derechos para que puedan ser contratadas. El dilema es FALSO, porque esa no es la única salida,  me gustaría decir que la solución está en el sentido común: distribuir socialmente los costos del cuidado, fortalecer la seguridad social, ampliar los permisos parentales para los hombres y evitar que la maternidad sea tratada como un “costo individual” de la mujer.

El problema, entonces, no está en el derecho de la mujer trabajadora, sino en un modelo económico que pretende que la reproducción, el cuidado y la crianza sean invisibles para la producción, aunque sin ellos ninguna sociedad podría sostenerse.

El argumento de que “mejor no contratar mujeres” tampoco resiste el contraste con la experiencia comparada. Los países que han construido sistemas más fuertes de permisos parentales, corresponsabilidad y protección familiar no han eliminado a las mujeres del mercado laboral. Por el contrario, los países con políticas más robustas de conciliación entre trabajo y familia, muestran altos niveles de participación laboral femenina. Según datos del Banco Mundial, en 2025 la relación entre participación laboral femenina y masculina fue de aproximadamente 91% en Suecia, 89,9% en Noruega, 89,7% en Finlandia, y 87,9% en Dinamarca e Islandia. Además, la OCDE ha registrado que en Noruega la tasa de empleo de madres con hijos menores de cinco años era apenas ligeramente inferior a la de mujeres sin hijos menores de quince años: 78% frente a 80% en 2020. Es decir, la práctica demuestra que proteger la maternidad no destruye el empleo femenino cuando existe una política pública seria y el cuidado deja de ser tratado como una carga femenina.

También hay un argumento ético que no puede ignorarse: los derechos de maternidad y lactancia no son únicamente “beneficios para mujeres”. Son beneficios para niños, niñas, familias y para la sociedad entera. La lactancia, el apego, la recuperación física y emocional luego del parto, y la posibilidad de cuidar durante los primeros meses de vida tienen un valor social que el mercado no calcula. La OIT ha explicado que facilitar la lactancia en el trabajo beneficia a bebés, madres, familias, trabajadores, empresas y a la sociedad en su conjunto. Por eso, cuando se propone eliminar estos derechos en nombre de la eficiencia, en realidad se está diciendo que la productividad inmediata vale más que la salud, la infancia y la vida familiar.

Aquí aparece el trasfondo político del debate. Ciertas versiones del mal llamado “liberalismo” presentan al trabajador como un individuo aislado, separado de sus vínculos familiares, comunitarios y sociales; una pieza más dentro del engranaje productivo. Bajo esa mirada, todo derecho laboral aparece como un obstáculo, todo descanso como una pérdida, toda licencia como un costo y toda protección como un privilegio. Pero el Derecho Laboral nació precisamente para corregir esa desigualdad: para recordar que entre empleador y trabajador no existe una relación entre iguales, y que el Estado debe intervenir cuando la libertad contractual se convierte en subordinación, abuso o exclusión.

La verdadera solución no consiste en retroceder, sino en avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad: más permisos para los padres, mejor seguridad social, mayor fiscalización estatal, políticas empresariales serias y una cultura laboral que entienda que cuidar también sostiene la economía. Una sociedad que castiga la maternidad termina castigando su propio futuro.

En LEALT Estudio Jurídico creemos que los derechos laborales deben explicarse con claridad, defenderse con firmeza y entenderse dentro de su contexto social. La maternidad y la lactancia no son concesiones ni privilegios injustificados de las mujeres. Son garantías jurídicas, sociales y humanas que protegen la vida, la infancia y la dignidad del trabajo.

 

Dr. Juan Carlos Almeida Pozo

LEALT ESTUDIO JURIDICO

EXPERTO EN DERECHO LABORAL

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